Himno
Hay una fuente sin igual
De sangre de Emanuel,
En donde lava cada cual,
Las manchas que hay en él.
Él malhechor se convirtió
Muriendo en una cruz,
Al ver la fuente en que lavó
Sus culpas por Jesús.
Y yo también, cuan malo soy,
Lavarme allí podré;
Y en tanto que en el mundo estoy,
Su gloria cantaré.
Tu sangre nunca perderá,
!Oh, Cristo! su poder,
Y sólo en ella así podrá
Tu iglesia salva ser.
Desde que aquella fuente vi,
Un solo tema sé:
Amor Redimidor, y así
Cantando seguiré.
Y de la tumba más allá,
Mi lengua emplearé:
Canción más dulce y noble habrá,
Que en gloria cantaré.

































